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El pequeño continente es el nombre por el que se la conoce pues en ella la naturaleza ofrece toda clase de paisajes, con una vegetación europea, americana y africana. Lo más característico de su fisonomía son los barrancos, que afluyen desde sus cumbres centrales, a más de 2.000 metros de altura, con sus inmensas rocas de granito, hasta el mar.
No hay tierra que presente tal diversidad y contraste de paisajes como esta isla, que tiene zonas desérticas junto a montañas de frondosidad tropical; abruptos acantilados frente a extensas playas de arena, y escarpados barrancos frente a suaves valles de plataneras. Una excursión por la isla en coche, impresiona y sorprende, cuando en pocos kilómetros se cambia tan drásticamente de vegetación y hasta de clima. Especialmente en invierno cuando los turistas se tuestan al sol en las playas al mismo tiempo que las cumbres de las montañas están nevadas.
El clima templado y la agradable temperatura del agua de baño (entre los 18 grados de los meses de invierno y los 22 del resto del año) permite que las playas puedan ser usadas todo el año. Además, las playas grancanarias destacan por la claridad de sus aguas, su limpieza y las infraestructuras y equipamientos que garantizan un excelente y completo servicio a los bañistas. Algunas de ellas están localizadas en enclaves especialmente atractivos ya que se encuentran protegidas por su encanto natural y la virginidad de sus paisajes.
La temperatura del agua (entre los 18 grados de invierno y los 22 del resto del año), las infraestructuras portuarias deportivas y las óptimas condiciones de mar y viento son características favorables para navegar y practicar otros deportes náuticos durante todo el año. De hecho, este subsector es el componente de ocio más importante de la Isla.
Culturalmente hablando, Gran Canaria es sinónimo de mestizaje. Una característica heredada de su condición histórica de lugar de paso de viajeros y de una sociedad de naturaleza abierta a todo lo que le viniese allende los mares. El paso de la historia ha dejado en la Isla un patrimonio de alto valor arqueológico, artístico, arquitectónico y etnográfico, testigos de la evolución cultural de esta comunidad insular. Un patrimonio histórico, legado de la identidad isleña, que se ha enriquecido y acompañado de múltiples manifestaciones culturales y artísticas que confieren a la Isla unas singularidades difícilmente encontrables en tan reducido espacio territorial.
La Capital de la provincia y de todas las Islas, con sus 352.641 habitantes, es la mayor concentración urbana del archipiélago. Presenta una fisonomía originalísima a caballo entre Europa y América, con sus casas pintadas de diversos colores, sus aglomeradas calles con gentes de los cinco continentes, y su atmósfera vivaz. Aquí la vida transcurre alegre y tranquila, propia de una población que se sabe tomar la vida con filosofía al mismo tiempo que goza de toda la cordialidad de un temperamento sureño. En esta ciudad se disfruta de un calendario de fiestas nutridísimo durante todo el año, numerosos espectáculos y diversiones, una buena gastronomía autóctona e internacional y bellos monumentos que completarán la visita con el recuerdo de una ciudad cultural.
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